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Cargar su cruz


...a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos,
llegando a ser semejante a él en su muerte... Filipenses. 3:10

 

En la cruz, Cristo, nuestra Cabeza/Jefe, ha escogido el último de los puestos y nos lo ha asignado a nosotros quienes somos los miembros de su cuerpo. Él, el reflejo de la gloria de Dios  (Hébreos 1:3), él ha consentido volverse el « despreciado de los hombres » (Isaías, 53:3). Desde entonces,  el solo derecho de cada uno de nosotros es de ser el mínimo y el último de todos. Si nosotros pretendemos alguna cosa más; nosotros no hemos entendido aún el sentido de la cruz.

¿Tenemos sed de una vida más alta ? Penetremos más profundamente en la comunión de los sufrimientos de Cristo, « nuestra Cabeza ». Es al que fue Crucificado que Dios ha dado el puesto de honor (Apocalipsis 5:6). ¿ Y nosotros? ¿ No deberíamos también darla nosotros? Nosotros lo haríamos si nos consideramos en cada minuto como crucificados con Cristo (Galatas 2:19,20 ). Es así que nosotros le daríamos la gloria..

¿Aspiramos a la victoria plena?: Entremos más por completo en la comunión de sus sufrimientos. La victoria suprema, el Cordero la ha ganado con los pies y manos clavados en el madero. Es a la sombra de la cruz que nosotros moramos " a la sombra del omnipotente" (Salmo 91:1) Que la cruz se vuelve nuestra morada; allí, solamente, nosotros estamos al abrigo.

Es más, para comprender nuestra propia cruz, nos es necesario comprender la del Salvador. Aproximándonos más a ella de cerca que nosotros no la contemplemos solamente sin que la podamos tocar y, aún más, estar compenetrados con esta (Galatas 5. 24), a fin que esta se vuelva, como alguien lo ha dicho, una cruz interior . Entonces esta vivirá sin cesar en nosotros, y nosotros tendremos la experiencia de su poder que se manifestará en primer lugar en lo que nosotros la llevaremos de buen corazón en lugar de sucumbir a sus pies.

La táctica constante del enemigo, es de buscar quitar y hacernos atravesar la vida sin la cruz.  La tentación de cuarenta días de nuestro Señor consistió sobretodo en un esfuerzo de el enemigo para quitarle su cruz (Lucas 4:18). "¿No eres tú el hijo de Dios ?" le dijo, haciéndole recordar así su dignidad y sus derechos. Pero, sin importarle sus títulos y su grandeza, Jesús permaneció siendo el Hijo del Hombre, el Cordero. Es así como él ha ganado la victoria. Si él se hubiese dejado quitar su cruz, su vida y toda su obra hubiesen sido en vano y Satán hubiese tenido la última palabra. El diablo no lo habría hecho! Oposición a que Jesús se revele Hijo de Dios por los milagros poderosos, si él solo hubiese aceptado de renunciar a su cruz. él sabía muy bien, en efecto, que los pies agujereados de Jesús le herirían en la cabeza y que sus manos clavadas le arrancaría todo lo que él tenía  (Mateo 12:29). he aquí por lo que el enemigo quiero quitarnos nuestra cruz ¿Pero que seríamos nosotros sin ella? (2 Corintios 4:16,17) ¿Que hubiera sido Jesús sin su cruz?

No sueltes por lo tanto la tuya ! Retenla firmemente, porque el Señor reconoce a sus discípulos aquellos que levan su cruz.

No la trates de disminuir, pues no harás mas que disminuir la gloria que te es reservada.
No pretendas escogerla ; toma mas bien aquella que el Señor te ha preparado.
No la lleves triunfalmente delante de ti como un héroe ; no la arrastres tampoco penosamente detrás tuyo como alguien que está al final de sus fuerzas y de coraje.
Llévala con paciencia, sobre la espalda, de suerte que Dios vea la parte más grande y los hombres la más mínima.

La cruz de Cristo es santa ; la nuestra también la es. Es por eso que nosotros la debemos tratar con respecto, velando de no dar las cosas santas a los perros, y de no arrojar las perlas a los cerdos. Pues, esto sería cometer una profanación mostrarla a aquellos que no pertenecen al "real sacerdocio".

Más grande es la gloria que tu ambicionas, mas pesada es la cruz a la que tú aspiras (Mateo 20:22). Cuando Santiago y Juan ambicionaron sentarse al lado del Hijo del hombre en su gloria, Jesús les respondió : "Podeis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?"

Para él el bautismo del Espíritu fue seguido del bautismo de fuego y, después la revelación gloriosa del amor divino sobre la montaña de la transfiguración, vino el abandono de Dios en Gólgota. Si por lo tanto es por los sufrimientos que él ha sido "llevado a la perfección" (Hebreos 5:8), ¿ habría para nosotros un camino menos arduo?

Muchos no progresan porque rechazan cargar la cruz que Dios les ha puesto para su camino. Sobre el camino largo es fácil pasar al lado de la cruz, sobre el camino angosto es imposible. Nos es necesario cargar, sino ella obstruye el pasaje y no se puede avanzar.

Por lo tanto no te irrites contra la cruz ! Ella es consecuencia de la fidelidad, como Jesús dijo por él mismo (Mateo 20:28) y por los suyos (Mateo 16:24)

Solamente esta cruz que debemos llevar exige que la llevemos en una perfecta santificación, si no, esta es una gloria humana, un artificio espiritual. Y esta santificación debe ser práctica.

La santificación practica consiste en sanarse de la falsa vida, de aquella que procede del "yo" de la naturaleza carnal y humana. La falsa santificación exalta a la criatura y tiende a hacer de si "mismo" cualquier cosa que exalta y engrandece a los otros, mientras que la santificación según lo que Cristo enseña, conduce a la criatura a la cruz. Allá ella nos muestra que su naturaleza  es mala que Dios la rechazado como " maldita", que su "yo" ha sido condenado y librado a la muerte. Nosotros cesamos entonces de podar y de mejorar nuestra naturaleza, nosotros renunciamos a vestirnos de una apariencia de santificación; de poner una pieza de paño nuevo en un vestido viejo, o de vino nuevo en odres viejos. Entonces cesemos también nosotros de estar desanimados de no encontrar en nosotros nada de bueno sobre el cual Dios pueda construir una nueva criatura.

Toda tentativa de santificación que no procede de la cruz es falsa et lleva sea al orgullo espiritual, sea al desaliento. En la cruz. nosotros hemos sido "unidos" con Cristo en su muerte (Romanos 6:5) y el Espiritu de santificación entrena a aquellos que han sido asi hechos una "misma planta" con Cristo, en los senderos de Jesús que son ordenados de tal manera que toda vida propia sea efectivamente asolada.

Si, según Romanos 6:22 "Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin la vida eterna." La santificación es un fruto de la liberación del pecado, esta consiste forzosamente en ser libre de si mismo. Ya que en sí mismo es donde reside el poder del pecado :
Romanos 7:16,17 "Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí."

En efecto, es a la búsqueda de sí que se incorporan todas las tentaciones. Sin búsqueda de si no habría pecado. He aquí porque el enemigo se pone siempre en defensa del yo, buscando animar nuestro egoísmo, a alimentar nuestra vida independiente. Nuestro yo no tiene mejor amigo y Satán vela con esmero para que esta chispa del infierno no se apague jamás en nosotros pues, cuando ella viene a apagarse, todo aquello que es de naturaleza infernal en nosotros perece con esta. Toda comida que alimente la vida de mi "yo" es un pan procedente del infierno y toda voz que toma la defensa de mi "yo" es una voz satánica.

Pedro quería constituirse el defensor de la vida de su maestro, pero Jesús se vuelve a él y le dice: Satán!

No permitiéndole tomar parte injustamente por su vida, Jesús se mostró bien menos duro en relación a Pedro que en relación a sí mismo. La redención del mundo no podría hacerse si Dios no daba a su propio hijo. Romanos  8:32 "El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿ Cómo no nos dará también todas las cosas?" y mi redención no se vuelve real si yo no doy mi propia vida.

Cuantos quisieran ser libres del pecado y luchan contra el pecado, todo en cuidado de su propia vida. La lucha es vana e inútil.

Por otro lado, la santificación practica implica necesariamente una vida "vivida por Dios" :
Romanos 6:11 " Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro."


Jesús, el Santo por excelencia, quien no ha conocido una vida propia, vivía para Dios. Y ¿ Cuál fue el punto culminante de esta vida vivida para Dios? Este fue que se cargó de su cruz y abrió un camino de redención, de regreso a Dios, a toda la creación perdida lejos de èl. Él ha rescatado a los hombres para Dios por su sangre , dicen los ancianos que lo aclaman con voz fuerte delante del trono :
Apocalipsis 5:12 " El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la gloria, la honra y la alabanza."

Y ...¿Cual es el punto culminante de nuestra vida para Dios? Esta es ciertamente que nosotros carguemos nuestra cruz y  que dejemos libre el camino a nuestros hermanos y hermanas para venir a Dios.

A menudo cuantos inconversos de una familia o de un lugar de profesionales son impedidos de venir a Dios porque el Hijo de Dios que comparte su vida no carga su cruz y así, en lugar de proyectar alguna luz sobre la cruz de Cristo, él la mantiene oscura y sin valor para ellos llevando sus miradas sobre la naturaleza humana.
Cuantos dicen delante del fracaso de su testimonio "por tanto yo he hecho todo por ...". Y sí, está allí el problema , han sido su naturaleza, su inteligencia, su personalidad que se han expresado y no la naturaleza y la personalidad de Dios en ellos. 
Isaías 26:12,13 "Jehová, tú nos darás paz, porque también hiciste en nosotros todas nuestras obras. Jehová Dios nuestro, otros señores fuera de ti se han enseñoreado de nosotros; pero en ti solamente nos acordaremos de tu nombre."

Nosotros hablamos mucho de santificación. Jesús nos habla de esta delante de la cruz. Él se ha santificado por la cruz, por el sacrificio. Él ha hablado sobre el camino que debía conducirle ahí:

Juan 17. 19. "y por ellos Yo me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en tu verdad"

Es cuando a nuestro turno nosotros nos santificaremos de esta manera, por la cruz, por el sacrificio, cuando nos rebajemos hasta tomar el lugar de nuestro Maestro, el último lugar, que los otros en nutro ambiente se santificarán también en verdad y no cuando nosotros discutiremos sobre la noción de santificación .

El cordero, no ha abierto la boca, se ha dejado llevar al matadero y nos ha mostrado " por el ejemplo", lo que es la santificación, la verdadera, aquella que honora el Padre quien la exige, el Hijo que la ha dado y el Espíritu que ha conducido hasta allí.

Como  Jesús nosotros debemos decir  2 Yo me santifico a mi mismo para ellos"; para ellos. He aquí el criterio de nuestra santificación. El solo criterio que nos hace parecer a Cristo.

Las sietes palabras de Jesús en al cruz son como siete rayos de la gloria del Cordero. La primera fue para sus enemigos : para ellos él ha pedido el perdón. La segunda fue por los suyos : él tiene para ellos la solicitud. La tercera fue para los perdidos él  murió  por ellos. Él se dio a la muerte para darnos la vida. Esta es  la santificación, la santificación practica.

2 Corintios 2:15à17 "porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquellos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿ Quién es suficiente? Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.


Observemos bien la cronología de los olores y allí donde ellos actúan y con que resultado :

- Entre aquellos que son salvos - a los unos - un olor de muerte dando la muerte.
- Entre los que perecen – a los otros - un olor de vida dando la vida.

En efecto la muerte a si mismo no puede ser comprendida y servir de ejemplo que entre los sacrificadores del Dios altísimo, creador del cielo y de la tierra.
Para aquellos que no conocen la vida de Dios, es nuestra vida en Cristo que comunica este camino.

Es esta la verdadera santificación práctica que sube como un perfume de buen olor llevando la ofrenda de nuestra vida  sobre el altar del sacrificio y que da del resultado en la vida de aquellos por quienes se santifican "para ellos".

 Plazca a Dios que en nuestro mundo occidental, haya muchas vidas santificadas y ofrecidas al Espíritu Santo.

Capellán Protestante Pierre-Antoine Eldin



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